lunes, 13 de octubre de 2008

Los huesos de animales modificados por humanos, un elemento clave para averiguar el origen del primer poblamiento americano

El origen del primer poblamiento humano en América continua siendo motivo de controversia en el mundo científico. Una vieja teoría sitúa esas primeras ocupaciones en 10.000 años antes del presente y niega, o más bien negaba, cualquier evidencia de poblamiento previo: es lo que se recoge bajo el concepto de “Clovis first”. En los últimos años, las excavaciones efectuadas en diversos países como en México han aportado información muy valiosa, sobre todo gracias al estudio de los restos hallados de fauna en yacimientos como Tocuila, Santa Isabel Ixtapa, y Tequisquiac, en el centro de este país. Los estudios se basan en las modificaciones y en los usos observados de los huesos de los animales descubiertos.

Sobre este tema, Óscar Polaco ha ofrecido, en poco menos de una semana, dos conferencias en la Facultad de Letras de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, aprovechando una estancia de intercambio científico con el IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social). Las charlas, bajo el título “El uso del Hueso Modificado en México”, se incluían también dentro de las clases del Máster Erasmus Mundus en Arqueología del Cuaternario y Evolución Humana, aunque estaban abiertas al público en general. Polaco participa en el proyecto de investigación Biodiversidad y sociedades cazadoras del cuaternario en México que impulsa el IPHES.


Cinta S. Bellmunt.- En este contexto de controversia sobre el primer poblamiento humano en América, ¿qué puede aportar el estudio del hueso modificado de la fauna?

Óscar Polaco.- Es relevante en estos contextos debido a que hay muchos sitios en que no existe otra evidencia de dicho poblamiento, como podrían ser restos humanos, lítica, hogares o campamentos.



Óscar Polaco, en el laboratorio de fauna del IPHES - Crédito: Felisa Aguilar

C.B.S.- ¿Qué entienden por hueso modificado?


Ó.P.- Ese concepto se refiere a aquellos huesos cuya forma natural ha cambiado como producto de la intervención, ya sea de agentes naturales (físicos, químicos) o por la acción antrópica, y que pueden contener simples señales de esos cambios, como pequeñas marcas, hasta huesos que han sido transformados en verdaderos utensilios.

El hueso modificado puede ser de humanos o de otros animales en general. En mi caso, yo estudio aquellos que son exclusivamente a animales y de una antigüedad que abarca desde los 50.000 hasta los 10.000; esto es, el Pleistoceno final, que se corresponde con el momento del poblamiento inicial en América.

C.S.B. - Cómo han sido modificados esos huesos y con qué finalidad?

O.P.- La modificación en general incluye marcas de corte, pulido para su uso como soportes, algunos han sido usados como percutores, de otros se han obtenido lascas por percusión y en unos pocos casos existen instrumentos que quedan clasificados fundamentalmente para desengrasar pieles.



Óscar Polaco analiza huesos de fauna de Atapuerca en su estancia en el IPHES para comparar con la de los primeros pobladores de América - Crédito: Felisa Aguilar

C.S.B.-¿Cuál es la importancia de estos yacimientos que usted estudia, como Tocuila, Santa Isabel Ixtapa, y Tequisquiac?


Ó. P.- Estos tres sitios se encuentran en el centro de México, pero no son los únicos; de hecho, se conocen una veintena en todo el país. Cada uno, tiene su propia problemática y forma parte de una controversia sobre su interpretación y posible utilización por los seres humanos. Sin embargo, los sitios mencionados incluyen aspectos de interés. Así, Tequisquiac es conocido por el llamado “Sacro de Tequisquiac”, un hueso modificado considerado una pieza de arte mobiliar que fue descubierto a fines del siglo XIX, cuando aun estaba a debate si existía tal relación entre huesos y humanos. El sacro es entonces la pieza crucial para el despegue de este tipo de estudios en México.

A mediados de los años cincuenta del siglo XX se encontraron dos mamuts en Santa Isabel Ixtapa, los cuales mostraban señales de que sus carcasas habían sido utilizadas por humanos, ya que, además de presentar extensivos cortes en los huesos de los proboscidios, se encontró un conjunto importante de material lítico asociado. Ello, junto con el descubrimiento del hombre de Tepexpan, dio pie a una de las reconstrucciones más conocidas y famosas sobre el cazador de proboscidios.

Finalmente, Tocuila es un yacimiento hallado a finales del siglo XX, donde aparecieron entre cinco y ocho individuos de mamuts; los huesos de algunos de ellos mostraban haber sido golpeados y usados como percutores, dejando de manera visible huellas de lascas en la superficie de los mismos.

Todos esos huesos objeto de estudio tienen principalmente de entre 20.000 y 10.000 años antes del presente. El más antiguo tiene 35.000 mil y es un hogar construido con metapodiales de mamut, que se encontraron extensivamente quemados, en San Luis Potosí, en un pueblo conocido como El Cedral.

C. S. B.- ¿Qué características define a esa fauna o megafauna aparecida?

La megafauna a la que están asociados los huesos modificados, en general, son casi exclusivamente de mamuts, a excepción de Tocuila, donde además de éstos se encontraron también de caballos, camélidos y aves. En el caso de El Cedral, la fauna es abundante y diversa, incluye camélidos, caballos, bisontes, perezosos terrestres, tapires, roedores, lobos, osos, mastodontes, entre otros. En Tequisquiac, el sacro corresponde a un camélido.

Toda la fauna mencionada son formas extintas y típicamente del Rancholabreano, es decir, corresponden a los últimos 120.000 años. Se conoce como megafauna a aquellos animales que rebasan los 150 kg de peso, como es el caso de la mayoría de los animales que estudio.