miércoles 20 de mayo de 2009

Estudian los dientes de las primeras poblaciones chilenas para saber en qué los utilizaban, cuál era su dieta y las patologías que sufrían

Se hallaron en San Vicente de Tagua Tagua, en una antigua laguna que documentó Darwin en 1834

Localizar y estudiar marcas en los dientes de las primeras poblaciones humanas chilenas con el fin de determinar para que actividades los usaban, además de las propias de la masticación, cuál era su dieta y que patologías sufrían entre hace 8.000 y 1.000 años han sido los objetivos principales de la estancia reciente en Chile de Marina Lozano y Xosé-Pedro Rodríguez, personal investigador del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), en el marco del proyecto Ocupaciones humanas y evolución de los asentamientos en la transición pleistoceno-holoceno en Chile central, que coordina este último y que se lleva a cabo junto con un equipo de científicos de aquel país, entre ellos los profesores Donald Jackson y Eugenio Aspillaga, del Departamento de Antropología (Facultad de Ciencias Sociales) de la Universidad de Chile, miembros a su vez de la Red de Orígenes que promueve dicho instituto.

Miembros del equipo chileno y catalán en el yacimiento de Cuchipuy este mayo - IPHES

“Una de las cosas que se pretende averiguar con la utilización del microscopio electrónico son las actividades paramasticatorias realizadas con los dientes. Por ejemplo, marcas efectuadas al sujetar y estirar materiales, o señales que pudieran hacerse con el filo de alguna herramienta lítica al cortar algo que sujetaban con los mismos”, cuenta Marina Lozano, recién llegada ya de Chile.

“Otro objetivo–añade- es identificar patologías dentales y también estudiar el desgaste de estos dientes, para poder inferir la dieta de estos grupos humanos. Como hay fósiles humanos de cuatro niveles arqueológicos diferentes, datados desde hace algo más de 8.000 años hasta hace unos 1.000 años, se podrá ver cómo evoluciona la alimentación de estos grupos y cómo utilizan sus dientes a lo largo del tiempo”.

Marina Lozano, analizando dientes hallados en Cuchipuy, durante su estancia en Chile - IPHES

Este estudio se basa en restos fósiles hallados en el yacimiento de Cuchipuy, por parte del equipo de los profesores Jackson y Aspillaga. Para no trabajar con los restos originales y así preservarlos de cualquier alteración, se efectúan moldes, que ha realizado en la Universidad de Chile Marina Lozano; posteriormente, ahora ya en Tarragona, los analizará con microscopio electrónico, y los datos obtenidos con los dientes de Cuchipuy se compararan con los de poblaciones europeas de cronologías similares, por ejemplo, los de la Cueva del Mirador, en Atapuerca (Burgos).

El yacimiento de Cuchipuy está situado en el municipio de San Vicente de Tagua Tagua, a unos 140 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Concretamente está ubicado en lo que era el borde de una antigua laguna, que se desecó a mediados del siglo XIX. “Por cierto, Darwin estuvo en esta zona de Chile hacia 1834 y describió la Laguna de Tagua Tagua, pocos años antes de que se quedara sin agua”, observa Xosé-Pedro Rodríguez.

Vista general de Cuchipuy - IPHES

Cuchipuy es un yacimiento al aire libre con materiales en contexto estratigráfico, que corresponden al menos a cuatro niveles diferentes, con varias dataciones de C14 que les da una antigüedad de entre los 8.000 y 1.000 años antes del presente. “De esta manera, podemos estudiar la evolución del poblamiento en el centro de Chile durante al menos unos 7.000 años”, afirma Xosé-Pedro Rodríguez.

Entre los materiales localizados hay numerosos fósiles humanos procedentes del nivel inferior (con algo más de 8.000 años), que se encuentra entre los más antiguos de toda América. Además, también han aparecido restos de fauna, instrumentos y adornos de hueso, hogares, y, en los niveles más modernos, cerámica. “En este relevante sitio, reanudamos durante nuestra estancia allí –manifiesta Xosé-Pedro Rodríguez- los trabajos estratigráficos para la toma de nuevas muestras para análisis radiocarbónico (C14) y de sedimentos del yacimiento.

“Todavía no sabemos si por debajo de los niveles inferiores podríamos localizar materiales arqueo-paleontológicos incluso más antiguos. De hecho uno de nuestros objetivos con las nuevas excavaciones que estamos planteando es poder localizar materiales paleoindios (es decir con alrededor de 10.000-11.500 años de antigüedad)”, correspondiente a los primeros grupos humanos que llegan al continente americano, comenta el mismo investigador.

Además de Cuchipuy, Rodríguez y Lozano han visitado otros yacimientos antiguos de Chile como los situados en la zona de Los Vilos, en la costa central chilena. En este sector se han localizado los concheros más antiguos de América, así como yacimientos paleoindios, como por ejemplo Quereo y Santa Julia.

Marina Lozano al fondo, durante su conferencia en Chile - IPHES

Además, en el marco de este viaje científico, Marina Lozano impartió la conferencia “Los fósiles humanos de la Sierra de Atapuerca” en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. En su intervención, que fue seguida por un numeroso público, efectuó un recorrido por los distintos yacimientos de la Sierra de Atapuerca (Burgos), dónde ha aparecido el primer europeo, con una antigüedad de 1,2 millones de años, en la Sima del Elefante. Incidió especialmente en Gran Dolina, donde se identificó restos de una nueva especie, Homo antecessor, con evidencias de que allí se practicó el canibalismo hace unos 800.000 años.

También se refirió a los restos de Homo heidelbergensis localizados en Galeria-Zarpazos y, sobre todo, en la Sima de los Huesos. En relación con estos restos, Marina Lozano expuso los estudios realizados sobre los dientes. Por último comentó los restos de Homo sapiens localizados en la Cueva del Mirador, remarcando también las evidencias de canibalismo, así como los estudios dentales realizados con estos fósiles.

domingo 19 de abril de 2009

Celebra el Día Internacional del Libro con La conciencia que quema, de Eudald Carbonell

“La evolución continua es imparable. Ahora lo necesario es una revolución de especie", asegura


La conciencia que quema es el libro que Eudald Carbonell, director del IPHES (Institut Català de Paleoeoclogia Humana i Evolució Social) y codirector del Proyecto Atapuerca, ha publicado en los últimos meses.

Editado por Now Books, el autor nos describe cómo se ha formado nuestra conciencia y de qué manera podemos entender la socialización para intervenir decisivamente en la construcción de una nueva especie a partir del conocimiento empírico, la autocrítica, la razón y la lógica.



"La conciencia operativa nos abre las puertas a una realidad inconmensurable y nos da la posibilidad de aprender y de actuar de forma más humana. Tenemos que aprovechar las adquisiciones que la selección natural y la cultura nos ofrecen para mejorar y hacer crecer la conciencia crítica. La evolución continua es imparable. Ahora lo necesario es una revolución de especie", asegura Carbonell.

Entre los temas a que se refiere sobresalen la crisis de especie que provocará la metabolización de la revolución cientificotécnica, la presión demográfica a que estamos sometidos, el origen de la vida, cómo la lógica sustituirá al azar que ha caracterizado hasta nuestros días la evolución, la diversidad cultural y la inteligencia operativa.

miércoles 25 de marzo de 2009

Carbonell participa en un encuentro internacional para favorecer la relación entre operadores culturales y el mundo de la ciencia

Se trata del VI Campus Euroamericano de Cooperación Cultural que se desarrolla estos días en Buenos Aires

Fomentar una mayor relación entre los operadores culturales y el mundo de la investigación y la ciencia es el objetivo principal del VI Campus Euroamericano de Cooperación Cultural que se desarrolla del 24 al 27 de marzo, en la Pontificia Universidad Católica Argentina, en la ciudad de Buenos Aires. La ausencia de espacios que favorezcan este debate ha propiciado el interés por este tema, “pues a pesar de las múltiples interdependencias entre la vida cultural y la ciencia, en realidad este discurso no se acomete con la suficiente profundidad por los responsables de las políticas culturales y científicas”, afirma Alfons Martinell, coordinador académico de dicho campus.

En este contexto, Eudald Carbonell, director del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social) y codirector del Proyecto Atapuerca, ofrecerá la conferencia titulada “Interacción entre cultura, ciencia y sociedad”, el viernes 27 de marzo a las 9.30 h.


Eudald Carbonell - Jordi Mestre / IPHES

Con el lema Hacia una nueva conciencia repasará la aplicación que han tenido algunos conocimientos científicos en la sociedad, así como la aplicación de la tecnología en las relaciones sociales, el papel de la socialización de la ciencia y, evidentemente, lo que han aportado los hallazgos arqueológicos de la Sierra de Atapuerca a todo este proceso evolutivo.

El VI Campus Euroamericano de Cooperación Cultural está organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación de Argentina, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Fundación Interarts, en el marco del Programa ACERCA de Formación y Capacitación en Cultura de la AECID.

El tema central del evento es la "Gestión Cultural y Ciencia: una relación imprescindible" y en él se analizan, en términos generales, cuestiones vinculadas a la articulación entre la gestión cultural y su dimensión científica, la interacción entre políticas culturales y políticas científicas y la proximidad de ciertos procesos creativos con la ciencia, con la intención de favorecer el diálogo entre todos los actores.

miércoles 4 de marzo de 2009

El IPHES promociona la red científica latinoamericana en las IV Jornadas de Arqueología Iberoamericana que acoge Portugal

Constituida ahora hace un año en Tarragona, tiene miembros en Perú, México, Chile, Argentina, Cuba y Brasil

Dar a conocer la Red latinoamericana de Orígenes (RDO), constituida ahora hace un año en Tarragona, es uno de los objetivos de la participación de miembros del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social) en las IV Jornadas de Arqueología Iberoamericana que del 5 al 7 de marzo se celebran en el Museo de Arte Prehistórico de Mação (Portugal), organizadas por el Instituto Politécnico de Tomar de este mismo país. La ponencia irá a cargo de Eudald Carbonell y Robert Sala, director y coordinador de los estudios de postgrado del IPHES, respectivamente.


Mapa con zonas en rojo que se corresponde a los países participantes en la Red de Orígenes - IPHES
La RDO es “un grupo de trabajo en el que los problemas evolutivos son analizados de forma rigurosa en términos de teoría de la evolución tanto por personal científico naturalista como por personal científico social. El objetivo general es el estudio de la evolución humana en el continente americano”, comenta Eudald Carbonell.

Las instituciones que participan actualmente en la Red de Orígenes son: Universidad Nacional San Antonio Abad y Asociación Hatún Wachaiwasi, en Perú; Universidad Nacional de México e Instituto Nacional de Antropología e Historia, en México; Universidad de Chile; Universidad de Bariloche y Universidad Maimónides, en Argentina; Universidad de la Habana, en Cuba; Universidad estatal de Feira de Santana, en Brasil; y el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, en Tarragona (España).

La intervención de Eudald Carbonell y Robert Sala está prevista para el jueves 5 de marzo, a las 10 h.

Pinturas rupestres y transformación del paisaje

La participación del IPHES en las IV Jornadas de Arqueología Iberoamericana también incluye la presencia de Ramón Viñas y Ethel Allué. También el día 5, pero a las 11.30 h, el primero de ellos hablará de las pinturas rupestres de Cueva Pintada (Sierra de San Francisco BC, México), uno de los conjuntos de arte rupestre más significativos del Gran Mural, ubicado en la península de Baja California; éste lo componen más de 1.000 figuras de un tamaño que alcanza hasta los 4 metros de altura, realizadas por cazadores recolectores que poblaron la región hace entre 9.000 y 3.500 años.

Por su parte, Ethel Allué, defenderá la comunicación Problemáticas ambientales en el Holoceno medio, en la Península ibérica, que firma junto con Cristina Ferreira, Luis Santos, Francesc Burjachs e Isabel Expósito, miembros estas dos últimas personas, también del IPHES.
Allué se referirá a las fluctuaciones climáticas y actividades humanas que desde la última glaciación hasta el Holoceno medio se han podido registrar a través de diversos datos paleológicos. Concretamente, durante el Holoceno tienen lugar una serie de eventos climáticos caracterizados por fases áridas o húmedas que influyen en las formaciones vegetales. Las actividades socioeconómicas de los grupos humanos de agricultores, ganaderos y pastores están en constante evolución y ocupan y gestionan el territorio transformándolo. Los estudios arqueobotánicos (antracológicos y palinológicos) en la Península ibérica son numerosos y permiten estudiar esta diversidad y la influencia de los dos procesos.




Cueva El Mirador de Atapuerca - Jordi Mestre /IPHES

En la Península ibérica, además, se constata una gran diversidad biogeográfica que permite analizar las diferentes formas de transformación del paisaje. Algunos de estos datos se han obtenido en los yacimientos de Alto Ribatejo, la secuencia de El Mirador (Atapuerca) o los yacimeintos del NE peninsular. “Estos contextos culturales y biográficos diferentes nos permiten analizar las causas y los eventos que definen el ambiente, los paisajes y las actividades socioeconómicas que caracterizan a las poblaciones del Holoceno medio en la Península ibérica”, concluye Ethel Allué.

En su conjunto, estas jornadas pretenden promocionar la convergencia de perspectivas teóricas de matriz histórica (predominante en Europa) y antropológica (predominate en Latinoamérica) en un marco interpretativo que valorice la investigación en el terreno y el descubrimiento de nuevas evidencias sobre el pasado humano, prestando una particular atención a las metodologías de geoarqueología y de la arqueología del paisaje.

martes 23 de diciembre de 2008

Descubren evidencias de pintura rupestre en el valle peruano del Cusco cerca del Machu Picchu

Encuentran, además, por primera vez restos de paleofauna de unos 20.000 años que convivió con las primeras poblaciones humanas de la zona


Una primera exploración en terrenos de cuevas cársticas del Valle del Cusco, en la provincia del mismo nombre donde se encuentra también el Machu Picchu (a unos 120 kilómetros de distancia), ha puesto al descubierto evidencias de pinturas rupestres, según ha podido confirmar el experto del IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social), Ramon Viñas, con las primeras observaciones efectuadas. "Se trata de pinturas de trazo esquemático y está realizado en color rojo, recubiertas -comenta- por capas de concreción que ponen de manifiesto cierta antigüedad, pero que dificultan captar bien su contenido. Tendremos que hacer un estudio más a fondo de las mismas para averiguar la temática representada y su filiación cronocultural".

Una imagen de las pinturas rupestres descubiertas - Crédito: IPHES

El hallazgo se produjo durante el trabajo de campo que se llevó a cabo hace unas semanas entre un equipo científico integrado por miembros de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco y del IPHES (Instituto catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), coincidiendo con el viaje de Eudald Carbonell e Igor Parra, director y coordinador de Proyectos Internacionales respectivamente de dicho instituto, al Perú, donde la mencionada universidad nombró Carbonell profesor honorario, equivalente a honoris causa y, a su vez, miembro activo del claustro de profesores. En el equipo internacional había expertos de diferentes disciplinas entre ellos biólogos, geólogos, químicos y botánicos, además de arqueólogos.

"Ésta es la primera vez que de una manera rigurosa se exploran cuevas cársticas del Cusco", asegura Igor Parra. "El gran problema de este valle –puntualiza- es que no hay registros arqueológicos de las primeras ocupaciones humanas, pero este equipo peruano-catalán ha conseguido poner al descubierto las primeras evidencias de pinturas rupestres en la parte más meridional del Cusco, un lugar que está muy cerca de la fortaleza inca de Sacsahuaman. Además, hemos encontrado brechas fosilíferas con megafauna y en una de las cuevas de la misma ciudad de Cusco, una hacha paleolítica".

Restos de paleollamas localizados en el valle del Cusco - Crédito: IPHES

"Estos hallazgos -prosigue Igor Parra- nos indican que toda esta zona tiene un gran potencial. Cuándo se detengan las lluvias del verano, se organizará una excavación conjunta con los científicos peruanos que abarcará más de 20 metros cuadrados, siempre con la finalidad de acercarnos al conocimiento de las primeras poblaciones del Cusco".

Las brechas donde se han localizado estos primeros hallazgos están constituidas por los materiales que se acumulan dentro de los bloques de piedra cárstica, como sucede en Cataluña en el yacimiento del Abric Romaní (Igualada-Barcelona).

Sobresalen también los restos de camélidos, concretamente de paleollamas, un animal muy típico de la zona, encontrado en la matriz de una brecha de unos 50.000 - 60.000 años, es decir, del Paleolítico Medio Superior, descubierta por Eudald Carbonell.

Equipo catalano peruano que ha trabajado en el Cusco, entre ellos -en primera fila vestido de rojo- Eudald Carbonell - Crèdit: IPHES

"Este hallazgo es también muy importante -manifiesta Igor Parra- porque hemos podido avalar la presencia de paleofauna en el Valle de Cusco, cosa que no se sabía. Es una prueba directa de una parte del tipo de fauna que con la cual convivieron las primeras poblaciones humanas del Valle de Cusco".

viernes 31 de octubre de 2008

Junto con científicos argentinos y chilenos, el IPHES estudia las primeras ocupaciones humanas de Sudamérica de hace unos 13.000 años


Bienvenido Martínez-Navarro dando una conferencia en Argentina hace unos días; detrás suyo, el profesor José Luis Lanata - Crédito: IPHES

Avanzar en el estudio de las primeras ocupaciones humanas de Sudamérica, de hace unos 13.000 años, junto con investigadores de Chile y Argentina, ha sido uno de los objetivos del viaje científico que ha realizado recientemente Bienvenido Martínez-Navarro, paleontólogo e investigador ICREA (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) en el IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social). En el marco de la Red Latinoamericana Orígenes, que impulsa este instituto, ha efectuado una estancia en dichos países, donde además de pronunciar diversas conferencias ha visitado también algunos yacimientos.


De izquierda a derecha, Eugenio Aspillaga, Bienvenido Martínez-Navarro y Donald Jackson en el yacimiento de Los Vilos, en Chile - Crédito: IPHES

Primero estuvo en Argentina, donde asistió al III Congreso Latinoamericano de Paleontología de Vertebrados e impartió la conferencia plenaria “Carroña, hienas y homínidos: Ecología de la primera dispersión humana fuera de Àfrica”, en Neuquén (Patagonia) y luego impartió otra charla en la Universidad Maimónides de Buenos Aires, organizada por la Fundación Félix de Azara. Bienvenido Martínez-Navarro sostiene que las primeras ocupaciones humanas hacia Eurasia se produjeron de manera paralela a las de otros grandes mamíferos de origen africano, tales como el tigre de dientes de sable Megantereon whitei, el hipopótamo Hippopotamus antiquus, o el mono cercopitécido de gran tamaño Theropithecus oswaldi. “Estas especies formaron parte del entorno ecológico de nuestros antepasados y con ellas tuvieron que interactuar forzosamente de manera continuada en muchas ocasiones, unas como predadores, otras como carroñeros en competencia directa con las hienas gigantes de la especie Pachycrocuta brevirostris, y otras, desgraciadamente, como presas”, cuenta el paleontólogo.


El paleontólogo Martínez-Navarro junto a un tigre de dientes de sable, en una exposición en Argentina - Crédito: IPHES

Sobre esta misma problemática habló también durante su estancia en Chile, concretamente en la Universidad de Santiago. Además, en este país visitó yacimientos como el de los Vilos y el de Tagua Tagua, de entre 10.000 y 13.000 años de antigüedad, junto con los investigadores Eugenio Aspillaga y Donald Jackson, miembros de la Red Latinoamericana Orígenes y profesores de la Universidad de Santiago de Chile. En ambos yacimientos se encuentran evidencias de la presencia humana más antigua en Sudamérica y fauna de grandes mamíferos extintos cazados por nuestros antepasados como mastodontes, ciervos gigantes o caballos extintos entre otras especies.

lunes 13 de octubre de 2008

Los huesos de animales modificados por humanos, un elemento clave para averiguar el origen del primer poblamiento americano

El origen del primer poblamiento humano en América continua siendo motivo de controversia en el mundo científico. Una vieja teoría sitúa esas primeras ocupaciones en 10.000 años antes del presente y niega, o más bien negaba, cualquier evidencia de poblamiento previo: es lo que se recoge bajo el concepto de “Clovis first”. En los últimos años, las excavaciones efectuadas en diversos países como en México han aportado información muy valiosa, sobre todo gracias al estudio de los restos hallados de fauna en yacimientos como Tocuila, Santa Isabel Ixtapa, y Tequisquiac, en el centro de este país. Los estudios se basan en las modificaciones y en los usos observados de los huesos de los animales descubiertos.

Sobre este tema, Óscar Polaco ha ofrecido, en poco menos de una semana, dos conferencias en la Facultad de Letras de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, aprovechando una estancia de intercambio científico con el IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social). Las charlas, bajo el título “El uso del Hueso Modificado en México”, se incluían también dentro de las clases del Máster Erasmus Mundus en Arqueología del Cuaternario y Evolución Humana, aunque estaban abiertas al público en general. Polaco participa en el proyecto de investigación Biodiversidad y sociedades cazadoras del cuaternario en México que impulsa el IPHES.


Cinta S. Bellmunt.- En este contexto de controversia sobre el primer poblamiento humano en América, ¿qué puede aportar el estudio del hueso modificado de la fauna?

Óscar Polaco.- Es relevante en estos contextos debido a que hay muchos sitios en que no existe otra evidencia de dicho poblamiento, como podrían ser restos humanos, lítica, hogares o campamentos.



Óscar Polaco, en el laboratorio de fauna del IPHES - Crédito: Felisa Aguilar

C.B.S.- ¿Qué entienden por hueso modificado?


Ó.P.- Ese concepto se refiere a aquellos huesos cuya forma natural ha cambiado como producto de la intervención, ya sea de agentes naturales (físicos, químicos) o por la acción antrópica, y que pueden contener simples señales de esos cambios, como pequeñas marcas, hasta huesos que han sido transformados en verdaderos utensilios.

El hueso modificado puede ser de humanos o de otros animales en general. En mi caso, yo estudio aquellos que son exclusivamente a animales y de una antigüedad que abarca desde los 50.000 hasta los 10.000; esto es, el Pleistoceno final, que se corresponde con el momento del poblamiento inicial en América.

C.S.B. - Cómo han sido modificados esos huesos y con qué finalidad?

O.P.- La modificación en general incluye marcas de corte, pulido para su uso como soportes, algunos han sido usados como percutores, de otros se han obtenido lascas por percusión y en unos pocos casos existen instrumentos que quedan clasificados fundamentalmente para desengrasar pieles.



Óscar Polaco analiza huesos de fauna de Atapuerca en su estancia en el IPHES para comparar con la de los primeros pobladores de América - Crédito: Felisa Aguilar

C.S.B.-¿Cuál es la importancia de estos yacimientos que usted estudia, como Tocuila, Santa Isabel Ixtapa, y Tequisquiac?


Ó. P.- Estos tres sitios se encuentran en el centro de México, pero no son los únicos; de hecho, se conocen una veintena en todo el país. Cada uno, tiene su propia problemática y forma parte de una controversia sobre su interpretación y posible utilización por los seres humanos. Sin embargo, los sitios mencionados incluyen aspectos de interés. Así, Tequisquiac es conocido por el llamado “Sacro de Tequisquiac”, un hueso modificado considerado una pieza de arte mobiliar que fue descubierto a fines del siglo XIX, cuando aun estaba a debate si existía tal relación entre huesos y humanos. El sacro es entonces la pieza crucial para el despegue de este tipo de estudios en México.

A mediados de los años cincuenta del siglo XX se encontraron dos mamuts en Santa Isabel Ixtapa, los cuales mostraban señales de que sus carcasas habían sido utilizadas por humanos, ya que, además de presentar extensivos cortes en los huesos de los proboscidios, se encontró un conjunto importante de material lítico asociado. Ello, junto con el descubrimiento del hombre de Tepexpan, dio pie a una de las reconstrucciones más conocidas y famosas sobre el cazador de proboscidios.

Finalmente, Tocuila es un yacimiento hallado a finales del siglo XX, donde aparecieron entre cinco y ocho individuos de mamuts; los huesos de algunos de ellos mostraban haber sido golpeados y usados como percutores, dejando de manera visible huellas de lascas en la superficie de los mismos.

Todos esos huesos objeto de estudio tienen principalmente de entre 20.000 y 10.000 años antes del presente. El más antiguo tiene 35.000 mil y es un hogar construido con metapodiales de mamut, que se encontraron extensivamente quemados, en San Luis Potosí, en un pueblo conocido como El Cedral.

C. S. B.- ¿Qué características define a esa fauna o megafauna aparecida?

La megafauna a la que están asociados los huesos modificados, en general, son casi exclusivamente de mamuts, a excepción de Tocuila, donde además de éstos se encontraron también de caballos, camélidos y aves. En el caso de El Cedral, la fauna es abundante y diversa, incluye camélidos, caballos, bisontes, perezosos terrestres, tapires, roedores, lobos, osos, mastodontes, entre otros. En Tequisquiac, el sacro corresponde a un camélido.

Toda la fauna mencionada son formas extintas y típicamente del Rancholabreano, es decir, corresponden a los últimos 120.000 años. Se conoce como megafauna a aquellos animales que rebasan los 150 kg de peso, como es el caso de la mayoría de los animales que estudio.